sábado, 27 de abril de 2013

La noche de las mil y una historias


Esta noche, de mil y una historias, de personajes fantásticos, de una ninfa atrapada en la lágrima de una princesa a la que le bastó con recordar su casa, su colina y sus tierras para llorar y liberarla. Está noche donde los duendes están en los libros, protegiéndonos de los truenos, donde por las noches llamamos a los guerreros cuando tenemos miedo, sobre todo a ese grande, mágico, y gran super héroe que suele ser nuestro padre. Esa noche perfecta, con nieve, en abril, en la que el frío nos recuerda a ese contador de cuentos, en su colina, alimentando el mar de historias que llegan hasta nosotros. Esa, en la que un abuelo da consejos a su nieto de cómo preparar la argamasa de los cuentos: agua, arena y cal, le enseña los trucos de un buen narrador de cuentos: poner el corazón, agudizar el ingenio, hablar alto, claro y pausado, mirar a los asistentes, y siempre siempre, contarlos de noche, cuando la gente se une, cuando la luna ilumina a todos, y nos hace iguales, uniformes, humanos. Contar de noche, cuando cansados de todo el trabajo del día, pensamos que mañana será mejor, cuando llegamos a casa y sólo queremos, cerrar la puerta y con ello, dejar todo.. todo.. fuera y quedarnos en casa. Esta noche, hubo cuentos de viajes, de amores, de desamores, de abuelas que luchan por que nos comamos una sopa de fideos... y eso que " el médico dijo que era malo", de ogros, brujas y lobos feroces que son espantados por un hermoso gatito, Sinfu¡¡, de abuelos que a pesar de los años, miran a altas horas de la noche... eso que los niños no deben ver, y que luego buscan a las abuelitas.. que ni se enteran de lo que pasa, que una caricia, parece un estorbo; un beso parece un escupitajo; una sonrisa, parece una broma; un te quiero, suena lejano; y que un hasta mañana, podría ser, un hasta siempre, y así.. más y más cuentos. Al final, los narradores, celebramos lo que fue la noche mágica de los cuentos, comimos, reímos, y luego bailamos... pero ohhhh yo vi a mi príncipe ( ni azul, ni de colores.. de blanco) con su fiel escudero... recuerdan.. ese que me dijo que " no me quería", pues lo vi. Lástima que no pude saludarles, me dejaba mi carruaje..( Servicio de autobuses, para ser más exactos, "Buhos"). Legué a casa, y después de mucho tiempo, empecé a distinguir: el maravilloso cielo, lleno de estrellas.. la hermosa luna, casi llena, con sus reflejos, los faroles que reflejados en los coches, parecen vibrar con el aíre, pude ver mi reflejo en el cristal, pequeña, ingenua, solitaria y soñadora Ceci, sin príncipes, sin hadas, sin sapos, ni brujas ni ogros, sola_mente Ceci.