viernes, 4 de octubre de 2013

El beso a la rana

Parecía que iba ha ser una aventura extraordinaria, sabiendo que me eduqué escuchando historias de reynas, príncipes y princesas; de besos mágicos y castillos encantados. Amanecí pensando que esas historias podían hacerse realidad.

No sé si lo que falló fue la dosis de ingenuidad, de pasión o de confianza, tal vez fue porque no era media noche, no había castillos, ni brujas, ni hadas o que no tenía un vestido, ni un zapato mágico. Quizá la rana no era de la especie adecuada, era muy verde y enana.

Que triste comprobar, que no siempre besar una rana te va ha devolver un príncipe,después de mi beso, la rana se convirtió en sapo.

Conclusión: no tengo besos mágicos.