domingo, 23 de junio de 2013

¿Por qué me miraban?

Era uno de esos lugares en los que todo brilla, cada cosa se parece al oro, a la plata con adornos como piedras preciosas,  Las personas de alrededor, arregladas como en las revistas y retocadas con todo tipo de artilugios, colores, maquillajes y ropas.



Para entrar, atravesé unas enormes puertas, con sistemas de seguridad y un guardia, me miró fijamente, yo también, no supe en ese momento el porqué. Entré y me deslumbré por todo lo que había en cada pasillo de ese enorme sitio. Lo que veía me era nuevo, incluso los ruidos, risas y comentarios, que oía, Parecía otro idioma. Me sentí lejana.

Seguí, miré uno a uno en cada mostrador: relojes relucientes, joyas con cristales, pulseras, pendientes, anillos, cosméticos, un sin fin de ellos. De los techos colgaban letreros de "ofertas" por doquier,  me asomé a verlas, no creí que ese precio era de oferta, y no porque comprar algo de esos precios no deje de ser un capricho, que me puedo dar, sino, que es poco útil para mi, ahora.


Escaleras eléctricas, no me montaba a unas hace semanas, es que donde vivo, el único centro comercial que tiene unas, está a las afueras de la ciudad, lo nuestro, son; mejor dicho eran, pequeñas tiendas a los costados de las dos avenidas principales de la ciudad. Eran, porque muchas de ellas han cerrado, y contrariamente, cuelgan un letrero de " alquilo".

Llegué a la segunda planta, ropa, y más ropa, accesorios, ofertas, descuentos, gente mirando tallas y etiquetas, probándose todo lo que dejan "las cuidadoras de probadores", sonrisas de las dependientas cuando veían una fila en frente de sus cajas, y mientras caminaba en los diferentes pasillos, me volví a sentir mirada, volteé y miré. Una mujer de unos 45 años, esbelta, "estucada", rubia, alta con tacones, con mega bolso y mini vestido. Al vernos, no hice ningún gesto, mientras ella, me miraba de arriba abajo. Qué extraño.

Seguí andando, y me empece a mirar: una camiseta, jeans y tenis ( es decir: polo, jeans y zapatillas, tengo lectores latinos). Vestida iba, ropa interior llevaba, peinada estaba, ¿Por qué me miraba?.

Aun no lo sé.

Huí, hacia la zona de informática, el ambiente era más relajado, miré ordenadores, tablets, ebooks, intenté memorizar sobre las memorias ram, velocidades, tamaños y formas, y claro !precios!. Recuerdo poco de todo ello y ninguno "entró por mi ojos" que si eso pasará, ya estaría con alguno de esos en casa.

Otras escaleras, y bajé al supermercado: me perdí.

Eche de menos a la señora del mercado, o al de la charcutería, donde parece que te conoces, aquí, gente apurada con listas de compra en las manos y carritos llenos, medio llenos y medio vacíos, no había tiempo para mirar a nadie, me situé en el pasillo del centro y empecé a ver los letreros alternando, a la derecha lácteos, izquierda vino, derecha quesos, izquierda refrescos... y así un pasillo sin fin. Yo solo quería harina de maíz. Caminé dos veces por el pasillo central y no encontré el cartelito de " harinas", así que pregunté a una señorita que reponía unos estantes, me dijo: " En el tercer pasillo a la izquierda". Pensé, ¿tercero empezando por donde?, y volví a preguntarle. Ella, sin levantarse ni dejar de hacer lo que hacía, levantó la mano y me dijo: ¿Por ahí?. Llegué al pasillo con el letrero "arroces", aunque un estante entero eran harinas, y la de maíz estaba en la parte de abajo. Tomé una bolsa, y me dirigí a las cajas, esta vez con suerte. La de menos de 10 artículos sin gente, pagué y salí. Por una bolsa de harina de maíz, me demoré lo mismo que me demoró en darme un paseo por el Jardín Botánico. Fueron 35 minutos.

Sigo sin intuir, ya ni siquiera saber ¿Por qué me miraban?. Primero el guarda y luego la mujer del mega bolso.
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