viernes, 24 de mayo de 2013

Discurso de Despedida


Buenas noches, primeramente decirles que me gustaría que mis padres y hermano estuvieran aquí. Gracias a ellos, y sin duda, también a mi terquedad y algo de suerte he podido dedicarme a ser médico y emprender un largo viaje por tierras lejanas a mi patria.  El tiempo ha pasado y el 20 de mayo ha llegado. 
Hoy,  día de “nuestra despedida”, echo de menos a Juan Pablo, que por motivos laborales no está aquí. a Carmen que tomó otro rumbo, José que nos acompañó poco tiempo. También, a los adjuntos y enfermeras del Segovia I, el centro de salud donde he estado y del Segovia III.  
No ha sido un camino fácil, no han faltado tropiezos y resbalones, y estos últimos meses momentos de incertidumbre y toma de decisiones, aún así, no cambiaría ni un momento del tiempo que he pasado con Uds.: mis co-Rs, mis "compis" del hospital, los adjuntos, las enfermeras,  personal administrativo y todos los que han contribuido en esta etapa de mi formación. Quiero aprovechar este momento, no sé si es el más oportuno, pero no veo otro, para agradecer especialmente a Serafín, por su tiempo, paciencia y buenos consejos, una buena parte de esto, lo conseguí con Tu Ayuda, Gracias.
Quién diría que viviría en España, en Segovia. No niego que el inicio es muy duro e incierto, pero reconozco que me he sentido muy querida, cuidada y acogida por todos aquí. Me ha costado acostumbrarme a “tutearles”, entender “segoviano”, y aprender alguna jerga, todo parte de mi aprendizaje. Gracias.
He escrito este discurso, con unos pañuelos al lado, lloro de emoción, que lo sepan. Estoy muy feliz por conseguir esta especialidad, no me veo de otra cosa que no sea de médico de familia. 
El camino sigue, no será fácil de aquí en adelante, pero me siento preparada para afrontarlo, algunos no lo entenderán, otros no lo valoraran, dudaré y muchas veces me equivocaré, sin embargo tengo maestros que sabrán guiarme y si es necesario, enderezarme y hacerme volver al cauce.  
Como dijo Mario Vargas Llosa “Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé”. Saben que en Cusco, en las montañas, tienen una casa, y no es un decir, espero que sea una realidad y me visiten ahí.
No me despido, “siempre hay tiempo para unas penúltimas”, todos los motivos son importantes y todos los lugares serán especiales.

Gracias nuevamente.